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abril 29, 2025

Descubriendo el modernismo zaragozano

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Casa Molins, calle Alfonso y el modernismo zaragozano

Si haces un free tour por Zaragoza y entras a la calle Alfonso I desde el Coso, hay una esquina que se roba todas las miradas: la Casa Molins. Este edificio, en Alfonso I nº 2 esquina Coso 23, es una de las primeras viviendas modernistas de la ciudad y un ejemplo perfecto de cómo el modernismo barcelonés dejó huella en el casco histórico zaragozano.
El inmueble original se levantó en 1869 como casa de viviendas para el confitero Eusebio Molins, sobre varias casas anteriores del Coso, proyectadas por el arquitecto Juan Antonio Atienza. Décadas más tarde, en 1902, el veterano Fernando de Yarza Fernández-Treviño acometió una profunda reforma: elevó una planta y rediseñó las fachadas hacia el Coso y la recién abierta calle Alfonso. En esa reforma aparece por primera vez un lenguaje claramente modernista: decoración floral en relieve, miradores acristalados que se abren al chaflán y un delicado trabajo de piedra y forja que convierte la esquina en un auténtico escaparate del modernismo zaragozano.

Este giro estilístico no fue casual. Su hijo, el arquitecto José de Yarza Echenique, acababa de regresar de estudiar en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, donde conoció de primera mano el modernismo catalán de Domènech i Montaner o Gaudí. Al volver a Zaragoza compartió estudio con su padre y le “contagió” ese nuevo estilo, visible en la Casa Molins como una mezcla de tradición local y de ese modernismo floral que triunfaba en Cataluña. Por eso muchos especialistas consideran este edificio como la primera vivienda modernista de Zaragoza, un auténtico laboratorio donde se ensaya el nuevo lenguaje que después se expandirá por otras calles del centro.

Pero la historia de la Casa Molins empieza mucho antes del modernismo. En este mismo punto, dentro del antiguo entramado de callejuelas previo a la apertura de Alfonso I, se alzaba una de las casas en las que vivió Francisco de Goya entre 1780 y 1781, mientras pintaba la cúpula de la Regina Martyrum en la basílica del Pilar. Aquella vivienda, entonces numerada como Coso 10–11 y más tarde como Coso 23, quedó “absorbida” y enmascarada dentro del edificio modernista que conocemos hoy como Casa Molins. Pasear por esta esquina no es solo mirar una joya modernista: también es pisar uno de los lugares clave de la biografía zaragozana de Goya.

Todo esto se entiende aún mejor si miramos alrededor. Antes de la segunda mitad del siglo XIX, llegar del Coso al Pilar era un laberinto de calles estrechas y plazuelas; la actual Alfonso I no existía. Fue el alcalde Antonio Candalija quien impulsó la gran operación urbanística que abrió una vía recta desde el Coso hasta la plaza del Pilar, derribando ese tejido antiguo para crear la nueva calle Alfonso I, con una única rasante y una impresionante perspectiva hacia la basílica. La obra se prolongó durante décadas y no se dio por totalmente terminada hasta 1918, pero fijó el escenario perfecto para que, pocos años después, la Casa Molins se convirtiera en el gran emblema modernista de la calle.
Hoy, en cualquier visita guiada o free tour por Zaragoza, detenerse bajo los miradores de la Casa Molins es imprescindible: en una sola esquina se concentran la memoria del viejo entramado urbano donde vivió Goya, la ambición de la nueva calle Alfonso I y la llegada del modernismo barcelonés a Zaragoza. Solo hace falta levantar la vista… Y dejar que la fachada cuente el resto de la historia