La «Tercera Catedral» de Zaragoza: el corazón mudéjar de San Pablo
A menudo, cuando pensamos en nuestra ciudad de Zaragoza, nuestra mente dibuja automáticamente la silueta del Pilar o la majestuosidad de La Seo. Sin embargo, escondida en el castizo barrio del Gancho, se alza una joya que compite en belleza e historia con sus hermanas mayores: la Iglesia de San Pablo. Abandonada e injustamente olvidada por muchos durante décadas, está reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, al igual que sus iglesias hermanas mudéjares de San Gil, San Miguel de los Navarros y la Magdalena. Este templo es un libro abierto sobre la historia de Aragón y el mejor ejemplo de cómo el ladrillo humilde puede convertirse en alta joyería arquitectónica.
De ermita a gigante de ladrillo
La historia de San Pablo es la historia del crecimiento de Zaragoza, símbolo de uno de sus barrios más populares. En el siglo XIII, lo que hoy es un barrio céntrico era una zona de huertas extramuros y una de las primeras ampliaciones para la creciente ciudad medieval, era básicamente, el Arcosur del s.XIII. Allí existía una pequeña ermita dedicada a San Blas; de hecho, ha quedado en el recuedo dentro del callejero ya que podemos acceder a la iglesia desde el tranvía o Avenida de César Augusto por las calles de San Pablo o San Blas ya que ambas nos dirigen al espacio que compartieron en un día.
El creciente y próspero barrio de San Pablo que competía en población con el centro fue adquiriendo un centro litúrgico conforme sus necesidades. Las cercientes donaciones para mejorar la iglesia hacieron que sufriera una metamorfosis fascinante. Tenemos constancia de que en 1284 se derribó la antigua ermita románica de San Blas y se empieza a construir un templo de factura gótico mudejar como era habitual en esta época, empleando las mejores mentes y manos para semejante obra.
El resultado fue un templo de una nave con cuatro cuerpos y boveda de crucería consagrado ya a mediados del siglo XIV. El constante crecimiento del barrio hizo necesaria su ampliación una vez más, sobre los siglos XV y XVI. Se mantuvo la estructura original pero se le fueron añadiendo naves provocando que la configuración definitiva fuese de planta de salón, ya que presenta una serie de naves formando un espacio interior y diáfano.
El campanario de San Pablo
Fruto de estas reformas la torre quedó en el interior del templo, una posición bastante inusual y que la hace todavía más especial si cabe. La torre es una delicia arquitectónica, es el ejemplo perfecto de cómo los maestros mudéjares (musulmanes que permanecieron en tierras cristianas) aplicaron su técnica al servicio de la nueva fe. La torre presenta una estructura octogonal característica del arte mudéjar, posee una torre dentro de otra, con una rampa entre ambas, herencia directa de los alminares islámicos. Esta distribución se trata de una tecnología con fines económicos. Los mudéjares construían dos torres por el precio de una, y aún así eran mucho más baratos que su competencia. Las torres concéntricas entre las que surge la escalera permitían ir apilando los ladrillos una vez se iba creando la escalera. Esto permitía construir la torre sin andamios, que eran en la antigüedad una parte muy importante del presupuesto. Desde el exterior observamos la decoración geométrica con dos cuerpos claramente diferenciados y decoración de ladrillo en espiga y rombos.
El retablo de Damián Forment
Cualquiera que haya pasado por el Gancho sabe de la monumentalidad de su iglesia pero al cruzar sus puertas, la sobriedad y elegancia del ladrillo da paso a una explosión de arte. El protagonista absoluto es el Altar Mayor. Aquí encontramos el retablo de Damián Forment, el mismo escultor que talló el del Pilar. Sin embargo, en San Pablo utilizó madera de pino policromada. La calidad del dorado y la expresividad de las figuras lo convierten en una de las obras cumbre de la escultura renacentista en España.
El órgano gótico: la voz del s. XV
Uno de los mayores tesoros del templo es su órgano, situado en el coro. Es una pieza excepcional que nos traslada a la liturgia del s. XV. Fue mandado construir entre 1480 y 1483 por Johan Ximénez Garcés, siendo uno de los órganos más antiguos y mejor conservados de Europa. La caja está decorada por los pintores Martín Bernat y Miguel Jiménez, es una obra de arte en sí misma que imita la arquitectura de una catedral gótica en miniatura. Indudablemente, lo más asombroso y sobrecogedor es su sonido. Tras una meticulosa restauración, el órgano sigue funcionando, permitiendo que hoy escuchemos la música exactamente igual a como sonaba hace 500 años.
La experiencia sensorial en San Pablo se completa con su acústica. Al ser un espacio unitario de tres naves comunicadas, el sonido se expande de forma homogénea como si de una caja de resonancia se tratara. El ladrillo revestido de yeso y las intrincadas bóvedas de crucería estrellada actúan como difusores naturales. Los nervios del techo «rompen» las ondas sonoras, evitando ecos confusos y dotando a la música del órgano de una claridad cristalina.
¿Cómo visitar San Pablo?
Esta es la pregunta que te deberías estar haciendo en este momento. El acceso se realiza por la puerta del Santo Cristo (c/ San Pablo) pero es imprescindible que antes observes la puerta de la Tramontana (c/ San Blas), que es la entrada original mudéjar. Fíjate en el arco apuntado y en cómo el ladrillo forma un alfiz (marco rectangular) típicamente islámico sobre ella. También puedes realizar visitas guiadas visitando el interior del templo y subiendo hasta lo alto de la torre.
Esperamos que este recorrido te haya inspirado para redescubrir la «Tercera Catedral» de Zaragoza. Es un lugar donde el arte islámico y la fe cristiana se entrelazan en cada muro, y donde el ladrillo se convierte en filigrana. Si quieres conocer más acerca de Zaragoza, su historia, cultura o gastronomía, ¡no dudes en echar un vistazo a nuestros free tours!



